El matrimonio es una unión integral, permanente y exclusiva entre un hombre y una mujer.

El matrimonio es una unión total de personas, una unión de corazones, mentes y cuerpos. En el matrimonio, los esposos logran una verdadera y orgánica unión corporal, unión que sólo es posible entre un hombre y una mujer. Puesto que el matrimonio une a marido y mujer a todos los niveles esenciales de sus personas de manera única y completa (corazón, mente y cuerpo), es distinto, en esencia y no únicamente en intensidad, de cualquier otro tipo de relación. La estructura integral del matrimonio requiere del consentimiento pleno de los cónyuges, para que puedan ser fieles en un vínculo exclusivo y permanente.

El matrimonio es en sí bueno y hermoso. Es también algo tremendamente importante para la sociedad puesto que muchas veces la unión orgánica de los cuerpos trae hijos. El matrimonio permite a madres y padres ofrecer a sus hijos la promesa del vínculo familiar estable y duradero que los niños necesitan para desarrollarse.

Respaldar los matrimonios fieles exige el reconocimiento de los auténticos desafíos que existen para que la unión sea fuerte. Seamos sinceros: ¡todos los matrimonios tienen que luchar de una forma u otra! Unos tenemos que luchar para ser fieles emocionalmente, otros para serlo sexualmente. Algunos lidian con la adicción al trabajo o al alcoholismo, con el estrés económico o cultural o con las diferencias religiosas; otros tienen que hacerlo frente a adicciones a sustancias o a enfermedades físicas o mentales.

Todas las parejas se enfrentan a retos -con frecuencia durante muchos años-, pero esas dificultades no son razón para abandonar nuestros matrimonios o el ideal de permanencia. Más bien, al afrontar juntas los obstáculos, las parejas tienen la posibilidad de avanzar hacia una mayor entrega, hacia una forma de amor más potente. Cuando se muestran amor incondicional entre ellos, modelan ese amor sacrificial por sus hijos. Esto crea madurez y confianza entre sus niños para que puedan a su vez imitar ese respeto y compasión hacia otros en la sociedad.

Todo niño tiene derecho a una madre y un padre; nadie tiene derecho a un hijo.

Las madres y los padres entregan a sus hijos un regalo único. Cada sexo contribuye de una manera asombrosa al sano desarrollo de la salud psicosocial de un hijo. Por ello, la estructura familiar ideal para un hijo es el matrimonio intacto y la familia compuesta por el padre y la madre biológicos. Sabemos que ese ideal no puede alcanzarse siempre, pero apoyamos a quienes luchan por conseguirlo. Asumimos una posición firme contra el matrimonio civil entre personas del mismo sexo que, pese a las buenas intenciones, consagra en la ley la idea de que un niño no necesita un padre y una madre; una idea que envía a la sociedad un mensaje erróneo y que provoca resultados negativos en los niños.

También apoyamos los siguientes derechos de los niños:

1. El derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, con independencia de las circunstancias de su concepción, sexo o situación familiar.

2. El derecho a ser tratado como una persona, no como un bien que se puede comprar o vender. Algunas veces los adultos desean un hijo tan desesperadamente que llegan a creer que se les debe. Sin embargo, los hijos son una bendición y un privilegio, no algo debido a un adulto. Como tales, debemos tener cuidado en no buscar nuestra realización a través de un hijo, sino ajustar nuestros deseos a satisfacer las necesidades objetivas de los niños. Esto nos permite tratar a los niños como a individuos únicos y no como a instrumentos de nuestros propios sueños o búsquedas, que pueden ser comprados o su material genético vendido de acuerdo con nuestras intenciones.

3. El derecho al pudor, a no ser sometido a abusos sexuales, imágenes sexuales o enseñanzas sexuales ofensivas. Los adultos deben ser los primeros protectores de la integridad sexual de los niños quienes, al no haber alcanzado aún el desarrollo ni la madurez sexuales, sufren de innumerables maneras físicas y psicológicas por estos abusos.

4. El derecho a ser educado de acuerdo con su sexo biológico y su correspondiente género. Hay que enseñar a niños y niñas a alegrarse de los dones únicos y fundamentales de su sexualidad biológica. El género es algo anclado por nuestra biología, no algo infinitamente plástico que puede cambiarse. Si hay una desconexión entre la mente y el cuerpo, el niño necesita un apoyo especial, paciencia y amor para ayudarle a entender mejor y aceptar la maravilla de su sexo.

Hay que proteger y preservar los lazos familiares entre niños, padres, abuelos y familia en sentido amplio.

El parentesco contempla los lazos biológicos que tenemos con la línea ancestral que nos llevó a nuestra existencia. Estos lazos dan raíces a nuestra identidad al ayudarnos a entender de dónde venimos. Por ello es muy importante la manera en la que un niño llega a este mundo y experimenta su ascendencia; apoyamos a todas aquellas personas que reconocen y protegen los lazos de parentesco.

En ocasiones un niño puede perder uno o ambos padres por circunstancias trágicas. Admiramos a los padres adoptivos y de acogida que intentan reconstruir esos lazos de parentesco rotos y abren con generosidad y atención sus hogares a esos niños, con la esperanza de poder darles una segunda oportunidad gracias a una experiencia familiar cariñosa sin buscar deliberadamente borrar o descartar la historia biológica del niño.

Existen otras formas de paternidad asociadas con agresiones directas a la familia. El recurso a la gestación subrogada, que emplea el óvulo, útero o semen de un tercero para crear un hijo, implica la explícita intención y el acto de aislar a un hijo de los padres biológicos, a menudo dificultando o impidiendo que el hijo los conozca o que puedan conocerlo.

Apoyamos a aquellos que luchan por preservar y honrar los lazos de parentesco, sabiendo lo importante que estos lazos son para la humanidad, especialmente para los niños.

Todas las personas tienen la profunda necesidad de ser apreciadas, conocidas y amadas en el contexto de una auténtica amistad.

La auténtica amistad es una relación de aprecio mutuo, en la que cada uno desea el bien del otro y valora su singularidad. La amistad nace alrededor de actividades y amores comunes, pero alcanza su máxima expresión cuando los amigos desean el verdadero bien del otro como parte de su propio bien y felicidad.

Puesto que no tiene como objetivo una unión orgánica de los cuerpos, la auténtica amistad se caracteriza por el amor philia y no por el amor romántico o sexual. La verdadera amistad es real, valiosa e íntima –la unión de corazones y mentes, que proporciona una profunda felicidad. Todos nosotros necesitamos esta experiencia de amistad para ahuyentar la soledad y desarrollarnos.

Reconocer que el matrimonio es un tipo diferente de unión total con su propia forma de amistad no denigra la auténtica amistad fuera del matrimonio, sino que proporciona el espacio y el contexto que esas amistades necesitan para florecer. Al rechazar la redefinición del matrimonio como una unión emocional más intensa, afirmamos que las amistades no maritales tienen sus propios rasgos distintivos y su propio tipo de intimidad y nos oponemos al confuso meme moderno que dice que toda intimidad emocional puede o debe ser sexual.

Somos conscientes de que lograr una auténtica amistad es más fácil de decir que de hacer. Vivimos en una época en la que la tecnología, el ritmo frenético de la vida y una inmadurez relacional convierten en un reto el cultivo de la verdadera amistad. Nos alegramos por todos aquellos que buscan una auténtica amistad, resisten a la sexualización de sus amistades y buscan una integridad sexual como su camino de dicha. Animamos a quienes, en el escenario de las citas, esperan al matrimonio para expresar su compromiso total y completo.

Toda persona posee una dignidad única y es merecedora de respeto, independientemente de su sexo, edad, origen étnico, sentimientos sexuales, raza, nivel educativo o ideas religiosas o políticas.

CanaVoz anima a todos aquellos que buscan comprometerse en la sociedad civil con conversaciones significativas en las que preserven la dignidad de todos los involucrados, incluso en medio de intensos desacuerdos, y luchamos por agregar nuestra propia voz positiva a la esfera pública.

Los debates contemporáneos en la esfera pública conducen con demasiada frecuencia a la deshumanización de la persona que tiene opiniones diferentes o que plantea objeciones molestas. Algunos argumentan que los fetos no son personas. Otros afirman que las personas de fe no son dignas de respeto, que las personas con atracción por el mismo sexo son menos dignas; que aquellos que experimentan un estilo de vida promiscuo carecen de dignidad, o que los grupos minoritarios son una amenaza.

Nos sentimos especialmente cercanos a quienes han sufrido por culpa de nuestra cultura sexual rota y les apoyamos en su búsqueda de una segunda oportunidad de integridad sexual. Valoramos la dignidad de los más vulnerables de entre nosotros: los no-nacidos, los niños, las personas mayores, las minorías raciales, las minorías sexuales y religiosas y los pobres. La única protección real a cualquier persona en una sociedad es la protección de todos sus miembros.

Los padres tienen el derecho y la responsabilidad de dirigir la educación de sus hijos.

Apoyamos las distintas formas creativas y minuciosas en que los padres organizan la vida de su familia y guían a sus hijos hacia caminos de integridad intelectual, moral y sexual. El gobierno y las instituciones sociales deberían ayudar a los padres en su tarea educativa y nunca usurpar su papel primordial, especialmente en áreas sensibles relacionadas con la sexualidad, el matrimonio y la familia.

Desafortunadamente, los colegios, los educadores y el gobierno a veces olvidan que están para ayudar a los padres y no para sustituirlos o excluirlos. Hoy en día, los padres se encuentran en la situación de tener que enfrentarse a gobiernos, cuidadores y profesionales que pueden buscar, a través de diversos medios -especialmente a través de programas de educación sexual- normalizar y promover formas de conducta sexual que violan las conciencias de muchas personas en el mundo.

Salvo casos claros y extremos de abuso infantil, los gobiernos deben conceder a los padres el beneficio de la duda cuando se trata de la atención y la educación de sus hijos. Apoyamos a los padres en su inestimable papel y reconocemos que la salud moral y económica de los pueblos, naciones y sociedades reposa sobre el importante trabajo de la maternidad y la paternidad.

Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, pensamiento y religión, que incluye la libertad de manifestar su religión o creencias de manera pública o privada, siempre y cuando estas creencias y prácticas no perjudiquen a otros.

Apoyamos a las personas que entienden el papel positivo de la religión en la vida ordinaria y la importancia de la fe para el bien común, sea cual sea el credo que profesen.

Se está atacando la libertad religiosa en cuestiones relacionadas con la vida, el matrimonio y la educación de los padres, entre otros temas. Trabajamos para ayudar a informar a nuestros públicos acerca de las amenazas a la libertad religiosa en la ley y la cultura actuales. También destacamos las formas eficaces en las que los ciudadanos viven su fe y tradiciones morales más allá del contexto semanal del culto, para aumentar la conciencia de que la libertad de religión es algo más que la libertad de adoración.

Creemos que una de las características fundamentales de la existencia humana es la búsqueda de la verdad. Esto implica inevitablemente un grado de error, pero las personas deben gozar de la libertad de equivocarse en el cultivo de sus propias conciencias, siempre y cuando sus creencias no causen un daño palpable a los demás.

En resumen:

Nuestros siete principios se relacionan con siete tipos de relaciones diferentes, que son las que forman y moldean nuestra cultura matrimonial.

  1. La relación entre marido y mujer
  2. La relación entre niños y adultos
  3. La relación entre los niños y sus familias biológicas
  4. La relación entre adultos del mismo sexo
  5. La relación entre las personas de la sociedad civil
  6. La relación entre gobiernos, padres e hijos
  7. La relación entre gobiernos y personas de fe

Buscamos curar y ordenar todas estas relaciones sabiendo que una cultura matrimonial fuerte depende del concurso de todas estas relaciones para apoyar la unión de marido y mujer, juntos, para toda la vida.

¡Arriba ese ánimo!
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